EL GUARDIÁN DE LIBERTÉ:Un Relato de Esperanza y Resiliencia

PRÓLOGO

En la vida hay momentos que nos definen, que marcan un antes y un después en nuestra existencia. Esta es la historia de uno de esos momentos, un relato de resistencia y esperanza en un lugar donde ambas cosas son escasas: la cárcel de máxima seguridad de Batán.

Liberté

Era el año 2016, y en el corazón de la cárcel de máxima seguridad de Batán, florecía un milagro llamado Liberté. Iniciado en 2014 como un proyecto autogestionado por nosotros, los presos, este lugar se había convertido en algo extraordinario. Ariel, Cecilio, Chiquito, Alfredo, Adrián, Esteban, el hijo de Esteban, Lucas y yo, que me dicen Pampa, habíamos resucitado un rincón olvidado de la prisión, que en otro tiempo había sido una fábrica de pan rallado. 

El espacio que el SPB nos había asignado era inicialmente un rincón oscuro, donde el aire estaba cargado de un olor a moho y la humedad se sentía en cada respiro, un lugar inhóspito. Pero con determinación y nuestras propias manos, transformamos ese lugar desolado. Instalamos un baño, colocamos la instalación eléctrica y embellecimos las paredes con pintura. Lo que una vez fue un agujero sombrío se convirtió en nuestro pequeño universo, un faro de luz y esperanza en un entorno donde la oscuridad solía ser la única constante. Pero incluso en nuestro refugio, la incertidumbre siempre estaba al acecho.

La Llegada de la Tormenta

Sin embargo, un día, como un rayo que rasga el cielo sereno, irrumpió Alejandra M., una empleada del SPB. Sus ojos eran fríos, casi mecánicos. "Pampa, se tienen que ir", chocando las manos entre sí, una modalidad que se usa dentro de la cárcel para indicar la salida, me anunció con una voz tan gélida como su mirada. "Mañana ocupamos nosotros este lugar". En ese momento, un torbellino de pensamientos y emociones invadió mi mente. ¿Cómo podía ser que todo nuestro esfuerzo se desvaneciera en un instante? La impotencia y la frustración se mezclaban con la incredulidad. ¿Acaso todo nuestro trabajo no significaba nada para ellos?"

"¿Y a dónde vamos a ir nosotros?", le pregunté, intentando mantener la calma. "Eso no es mi problema", respondió ella, sin un ápice de empatía en su voz.

Lo que añadía una capa de complejidad a la situación era que Alejandra estaba actuando bajo las directrices de la ONG Cambio de Paso, liderada por el juez Esteban V. que se supone trabaja para mejorar la calidad de vida de los presos, según mi opinión: chamuyo.

Hice un intento por razonar con ella, buscar algún tipo de entendimiento, pero me encontré con un muro de intransigencia. "Mañana los desalojaremos por la fuerza", me amenazó, dejando en claro que no había espacio para el diálogo. Frente a esta pared de intransigencia, sabía que tenía que tomar medidas drásticas.

"No le entregaré la llave a nadie; me la tendrán que sacar", le respondí, desafiante.

"Escúchame, el juez B ya habló con el jefe del complejo y con el ministro. Necesitamos este espacio de manera urgente", me replicó Alejandra, y recuerdo que nombró a tantas personas que incluso creo que mencionó al Papa.

Desesperado, me acerqué a un oficial, un hombre de mirada seria aunque comprensivo y que siempre había mostrado un trato justo. "Necesito usar Facebook", le dije con urgencia en mi voz. Él me miró, evaluando la situación, y asintió lentamente. "Hacelo rápido", murmuró. Tenía que contactar a un juez que sabía que se preocupaba por la gente como nosotros. Le envié un mensaje, casi como una botella al mar, esperando que, tal vez en unos días, pudiera leerlo. Cada minuto que pasaba se sentía como una eternidad, y mi corazón latía en mi pecho como un tambor en un desfile.

La Esperanza Renace

Tres horas más tarde, el oficial vino corriendo, casi sin aliento. "Te respondieron", dijo, y en ese momento, el tiempo pareció detenerse. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho, y un nudo en la garganta me dificultaba respirar. La esperanza y el miedo bailaban en un delicado equilibrio dentro mio. ¿Y si la respuesta no era la que esperábamos? ¿Y si todo estaba perdido?. Abrí el mensaje con manos temblorosas, casi temiendo lo que podría encontrar.

Pero allí estaba: el juez no solo había leído mi mensaje, sino que también había creído en mi historia. "Quédense tranquilos, Liberté no cerrará", decía el mensaje. En ese instante, sentí un alivio tan abrumador que casi me derrumbo. Era como si una montaña se hubiera levantado de mis hombros; por primera vez en mucho tiempo, respiré libremente. Con ese mensaje, volví a tener fe en el futuro, una fe que se materializaría de una forma que nunca imaginé.

Un Ángel Guardián

Días después, un hombre de aspecto serio pero con ojos llenos de comprensión caminó por los pasillos de Liberté. Su presencia llenó el espacio de una energía diferente, y todos sentimos un cambio en el aire. Mis compañeros se preguntaban si este hombre sería la clave para salvar nuestro refugio, o si sería el final de nuestro sueño. Sus ojos escudriñaban cada rincón, y yo podía sentir cómo evaluaba la importancia de nuestro trabajo. "¿Quién es Pampa?", preguntó, mirando a nuestro grupo.

"Yo soy Pampa", me presenté, reconociendo su rostro de nuestros encuentros previos en otro espacio de la cárcel llamado "La Pastoral".

"¿Ya vinieron a hablar la gente de Cambio de Paso?", me preguntó.

"Sí, ya estuvieron", le confirmé.

Con una mirada de aprobación, recorrió nuestro espacio, observando todo lo que habíamos logrado en Liberté. Luego, se sentó con nosotros y compartió un mate, como si fuera uno más del grupo, charlando y escuchando nuestras historias. Desde ese momento, supe que se había convertido en algo más que un juez para nosotros. Aunque Cambio de Paso se quedó con nuestro espacio original, prometiendo talleres y máquinas que nunca llegaron, Liberté encontró un nuevo hogar. Hoy, en 2023, el lugar que nos arrebataron sigue igual de abandonado que en 2016. Pero Liberté sigue vivo, y todo gracias a un juez que decidió creer en nosotros. Pero la historia no termina acá; hay un último detalle que debo compartir.

Reflexiones y Sueños de Libertad

Y así, en un rincón olvidado de una cárcel de máxima seguridad, aprendimos que incluso en los lugares más oscuros, la esperanza y la humanidad pueden florecer. Todo gracias a un juez que eligió creer en nosotros: Mario Juliano. 

Liberté sigue siendo un faro de esperanza, un recordatorio de que incluso en los lugares más tenebrosos, donde los días son grises y el silencio es abrumador, la luz puede encontrar su camino.

Invitación a la Esperanza

Te invito a que reflexiones sobre la historia de Liberté, sobre las vidas que ha tocado y transformado. Cada uno de nosotros tiene el poder de hacer un cambio, de ser un faro de esperanza en la vida de alguien más. Preguntate, ¿cómo podrías contribuir a crear un mundo más justo y compasivo? ¿Cómo podrías ser parte de historias de transformación y redención como la de Liberté?

Si sentís el llamado, te animo a que explores más sobre Liberté, a que conozcas nuestras historias, nuestros sueños y nuestras luchas. Podés aprender más sobre nosotros, sobre cómo apoyarnos y cómo involucrarte en nuestra misión visitando www.comunidadliberte.org

¡Unite a nosotros en este camino hacia la libertad verdadera, y sé testigo de cómo la magia de Liberté ilumina!".

Un Padrino Eterno

Pocas semanas después de estos eventos, Mario, el hombre que creyó en nosotros cuando más lo necesitábamos, aceptó ser el padrino de Liberté. Aunque hoy ya no está físicamente entre nosotros, su espíritu y su legado viven en cada rincón de Liberté, guiándonos y protegiéndonos. Mario Juliano es y será siempre nuestro padrino eterno, un recordatorio constante de la bondad, la compasión y la esperanza que existen en este mundo. Su memoria sigue inspirándonos a luchar por un mundo más justo y humano, donde la libertad y la dignidad son derechos inalienables para todos.

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